Con Maya conectada a un ventilador durante cinco días, “todo el tiempo, simplemente la mantienes dormida, casi como un coma seducido”, explicó. “Taylor y yo tuvimos conversaciones que normalmente no tendríamos”.
La esencia de sus conversaciones, continuó, “era como, ‘Está bien, las pequeñas cosas por las que solíamos preocuparnos, todas esas cosas, dejémoslas de lado. Sabemos lo que queremos. Queremos que esta familia funcione. Queremos estar ahí para nuestras hijas”.
Si bien sería difícil encontrar el lado positivo de la peor pesadilla de todo padre, señaló Wharton, “Si alguna vez hubo un pequeño diamante en bruto o una bendición disfrazada, sería eso, que Taylor y yo nos volvimos a conectar, y decidimos que, bueno, ambos también tenemos que dedicar tiempo el uno al otro”.



