Se suele hablar metafóricamente del latido o pulso de una ciudad, pero según el autor una papel nuevo Publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, las ciudades tienen un “pulso urbano”, una indicación de la “actividad metabólica” urbana que puede medirse para determinar los patrones existentes. Y esos patrones pueden ayudar a informar las políticas públicas futuras en torno a la planificación urbana.
La definición precisa de urbanización ha cambiado a lo largo de los siglos. Zhe Zhu de la Universidad de Connecticut y sus coautores adoptaron la versión amplia para su investigación. El informe presenta “procesos simultáneos de cambio en al menos seis dimensiones, incluidas la demografía, la economía, la infraestructura, el medio ambiente, la gobernanza y la cultura”, escribieron. “Juntos logramos resultados, resultados de procesos medibles, como el crecimiento de la población, la expansión del suelo urbano, el crecimiento del PIB y la innovación”. Las métricas que eligieron reflejan esta visión dinámica: las ciudades no son redes eléctricas estáticas, sino más bien “ecosistemas vivos y adaptables”.
“Durante décadas, simplemente hemos capturado el impacto de la urbanización: una casa construida o una carretera ampliada”. Zhu dijo. “Pero realmente no se ve la dinámica en las áreas urbanas. Esta será una herramienta de gran impacto que no sólo influirá en las decisiones políticas de arriba hacia abajo de los gobiernos, sino también en las decisiones de abajo hacia arriba de la gente común que navega por sus ciudades”. Un día podremos comprobar el “pulso urbano” de un barrio cuando busquemos una casa, por ejemplo, o cuando exploremos posibles ubicaciones para un nuevo negocio.
Gracias a los avances en teledetección y diversos métodos de análisis, es posible recopilar datos multidimensionales de diversas fuentes, como imágenes de satélite o datos geolocalizados de móviles o redes sociales. Zhu et al. obtuvo sus datos de las bases de datos Harmonized Landsat y Sentinel-2 de la NASA para analizar nuevas construcciones, reparaciones, mejoras de infraestructura, expansión de espacios verdes y demoliciones en seis ciudades diferentes: Seattle, Shenzhen, Lagos, Mumbai, Dubai y Ciudad de México.
Tres signos vitales principales
Su análisis reveló tres “signos vitales” diferentes para monitorear las ciudades. En primer lugar, la urbanización es “puntiaguda”: hay picos bruscos y de corta duración en la actividad, en lugar de un crecimiento fluido y sostenido. El mejor ejemplo, según los autores, es Dubái, cuyas zonas costeras han experimentado un enorme aumento en la actividad de reurbanización, especialmente en proyectos que requieren mucho capital, como torres de lujo o edificios de uso mixto. En contraste, el aumento en Shenzhen fue más concentrado, “lo que refleja la capacidad de la ciudad para una rápida movilización de capital y construcción dirigida por el Estado”, escribieron.



