“Este diseño evalúa si las abejas pueden completar una tarea sin retroalimentación perceptiva continua”, escribieron los autores. En total, 16 de las 22 abejas realizaron con éxito esta tarea. De hecho, las abejas aún podían vislumbrar la flor una vez que la pelota estaba cerca de la abertura, por lo que el equipo repitió el experimento con tres aberturas en la barrera para limitar aún más la retroalimentación visual. Esta vez, no hubo diferencias significativas en el rendimiento entre las abejas entrenadas y no entrenadas (grupo de control).
En un experimento reciente, Loukola et al. Intentaron aislar el desempeño de las abejas dirigido a objetivos del éxito incidental y de señales de retroalimentación visual. Esta vez, el dispositivo de prueba presentaba una arena rectangular con dos compartimentos, ambos invisibles para las abejas. Durante el entrenamiento previo, a 30 abejas se les mostró una flor colocada encima de uno de estos compartimentos. Para la prueba real, la flor no era visible desde la ubicación inicial de la bola y la abeja tuvo que mover la bola al compartimento correcto. Los resultados: 23 de 30 abejas lograron la tarea y 16 de 23 abejas lograron hacerlo sin mover primero la bola al compartimento equivocado.
El equipo reconoció que la configuración experimental no tenía forma de rastrear la mirada, la postura u otras señales de comportamiento de las abejas que podrían haberles permitido identificar el “¡Eureka!” el momento en que la abeja “comprende” el problema. Otros experimentos deberían probar qué tan bien las abejas entienden las relaciones causales. “Sin embargo, el diseño actual proporciona la evidencia más clara hasta la fecha de que las abejas son capaces de generar nuevas soluciones dirigidas a objetivos, estableciendo una base para futuras investigaciones que investiguen más a fondo los procesos cognitivos que subyacen a la percepción de los insectos”, concluyeron los autores.
Ciencia, 2026. DOI: 10.1126/ciencia.ady1618 (Acerca del DOI).



