Si pisa la pista de cualquier aeropuerto importante del mundo, notará un olor inconfundible. Un aroma ligeramente dulce y aceitoso que recuerda a antiguos talleres o a antiguas lámparas de parafina. Es una parte tan importante de la experiencia de viaje como el café tibio y las colas en el control de pasaportes. Es, por supuesto, el penetrante olor a combustible para aviones.



