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SERGIO Y RAQUEL: A 33 AÑOS DEL DOBLE CRIMEN SEGUIMOS CLAMANDO JUSTICIA

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El 12 de marzo de 1989, luego de la hora del almuerzo, Sergio Antonio Sorbellini (19) y Raquel Natalia Lagunas (17) salieron al campo en una bicicleta tándem a buscar pasto para sus conejos.
La pareja fue hallada sin vida un día después, a la vera de un canal de riego, detrás del predio de la Sociedad Rural.
La familia consideró siempre que, a partir del hallazgo de los cuerpos sin vida de sus hijos, en lugar de realizarse una investigación eficaz se habría desplegado una actividad policial con el fin de encubrir el hecho y borrar o tergiversar las pruebas.
Allí comenzó el otro calvario. El de la búsqueda de justicia.
Nombres como el de Eustaquio Lezcano, uno de los testigos muertos, dejara una carta por la que, en 1996, fue allanado un campo ubicado cerca de donde aparecieron los cuerpos; o Adalberto Dante Carrasco, quien tomó la drástica decisión de quitarse la vida de un escopetazo luego que trascendiera públicamente su supuesta relación con los crímenes, complejizan el drama.
Como consecuencia de una serie de irregularidades fueron condenados a prisión perpetua un albañil menor de edad y el camionero Raúl García. Ambos fueron involucrados a partir de una pericia balística falsa realizada por Julio Arriola (luego fue sentenciado por lo ocurrido) de un arma secuestrada por la policía. Al juicio también llegó imputado Héctor Fabián Llavel, aunque resultó absuelto.
Los padres de las víctimas siempre sostuvieron que el 12 de marzo, luego de la hora de almuerzo, los jóvenes fueron a un sector de campo, en una bicicleta doble, con el propósito de buscar pasto para sus conejos, y como no regresaban comenzaron a buscarlos. Junto a familiares, hallaron los cuerpos al día siguiente.
A partir del hallazgo -los cuerpos presentaban varios impactos de bala, marcas de quemaduras de cigarrillo y uno de ellos tenía signos de haber sido orinado-, las irregularidades en la primera etapa del proceso y comprobadas años más tarde, estuvieron dadas en que no solo no se resguardó, sino que fueron borradas huellas en el lugar en el que encontraron los cadáveres.
Se comprobó también que fue sustituida la ropa interior de la chica, fraguaron la pericia balística, las declaraciones testimoniales y las actas de procedimiento. No fueron realizadas las autopsias descriptas por los médicos y desaparecieron varios elementos secuestrados por autoridades policiales.
El gobierno rionegrino reconoció su responsabilidad por las deficiencias en la investigación del hecho y sus consecuencias jurídicas, por lo que le abonó cien mil dólares a cada una de las familias, más el concepto de honorarios correspondientes a los abogados intervinientes, en el marco de un acuerdo en el que los particulares damnificados se comprometieron a renunciar de manera definitiva e irrevocable a iniciar cual otro reclamo por el tema.
Las condenas fueron dictadas en diciembre de 1990 por los jueces Raúl Bosch, Rafael de la Rosa y Aldo Rolando, de la Cámara III del Crimen, de General Roca.
En 1992 el Superior Tribunal de Justicia Provincial declaró la nulidad de la causa, por lo que el juez de instrucción Juan Rodolfo Torres liberó a los detenidos.
En junio de 1998 el Consejo de la Magistratura de Río Negro destituyó al juez de San Carlos de Bariloche, Fernando Bajos, por considerar que cometió «graves irregularidades» en la instrucción de la causa abierta por el doble crimen.

El reclamo de justicia por Sergio y Raquel sigue vivo en toda una generación que vió violentamente arrancada sus vidas aquella tarde. Sus historias potenciales truncadas de la forma más atroz seguramente los ubicarían hoy como vecinos de Río Colorado. Hace un año, Leandro, hermano de Raquel, nos comentaba que seguramente ambos habrían sido padres porque ese amor juvenil comenzaba a madurar en sueños y proyectos, y que como sus padres alguna vez fantaseó con esos sobrinos que jamás tuvo.
La construcción de memoria tiene estas encrucijadas. Ver más allá de detenernos o paralizarnos en el tiempo. Lo concreto es que hoy Sergio y Raquel están más vivos que nunca. Y también el urgente grito de justicia ante 33 años de impunidad, complicidad y silencio.
SERGIO Y RAQUEL…PRESENTES…HOY Y PARA SIEMPRE.

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