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¿CÓMO VOLVER A LA ESCUELA SIN ENTRAR AL AULA?

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Lo paradójico de vivir una pandemia es precisamente lo inédito de la situación y -a la vez- la simultaneidad de la experiencia.

En todo el mundo se coordinan estrategias institucionales, pedagógicas, políticas para sostener un espacio educativo que es vital para la sociedad sin convertir ese encuentro en un riesgo. Inicialmente, ésto implicó adaptarse a la virtualidad pero, poco a poco, muchos países han puesto en marcha planes de retorno a los espacios presenciales con sus protocolos y medidas. Algunos debieron desandar el camino y otros, en cambio, encontraron la oportunidad de renovar los modos de habitar el espacio de aprendizaje. Y cada ensayo es simultáneamente un indicador y una alternativa para que los demás aprendamos de esa experiencia.

Uno de esos casos es el de las “bosque-escuelas” o “aulas en la naturaleza” que, desde hace décadas, basan su metodología en una propuesta integral completamente al aire libre y tienen como propósito utilizar el contacto cotidiano con la naturaleza para favorecer la autonomía y crear conciencia ecológica en las futuras generaciones.

En muchos casos, estas escuelas han vuelto a clases presenciales y, en muchos otros, han sido las escuelas tradicionales las que han recreado esta metodología para reconfigurar su propuesta y poder volver a los encuentros cara a cara y codo a codo, para recuperar la oportunidad de que los niños y niñas encuentren, en un contexto abrumador, otros en quienes mirarse y saberse acompañados.

En otros casos, la propuesta de las escuelas consistió en compartimentar grupos y jornadas y usar espacios más amplios -como gimnasios- para lograr la distancia segura. Y en otros, simplemente, se espera un contexto local lo suficientemente propicio para definir el Plan que se seguirá.

Los niños y niñas de hoy llevan mucho tiempo de su vida sin ejercitar otros lazos que los familiares, mucho tiempo sin practicar los modos de convivencia, mucho tiempo sin empatizar con otros iguales a sí mismos; a diferencia de lo que vivimos los adultos.

Si volver al aula no es posible, quizás el aula pueda -por un rato- cambiar su fisonomía, dejarle las sumas y las restas a los videos, las plataformas y las reuniones por zoom -que la escuela ya logró- y pensar alternativas para retomar, no los aspectos académicos, sino los convivenciales -que no le atañen menos- y se logran practicándolos. Quizás, sólo quizás, seamos los adultos los que tenemos una nueva oportunidad de aprender y lograr así que los chicos conserven la suya.

Fuente: 7 en Punto

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