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Sociedad

AMOR DE AMIGAS: NO ES SU MAMÁ PERO LA GESTÓ

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2 grandes amigas, una de ellas buscó ser mamá por 14 años sin conseguirlo. La otra la ayudó poniendo su cuerpo. Seguí leyendo:

El valor de la amistad y una pregunta que sobrevuela: ¿qué serías capaz de hacer por una amiga del alma?

Soledad Gutiérrez y Roxana Romagnoli hace 15 años, se conocieron en la heladería en la que ambas trabajaban, cuando empezaron a verse fuera del trabajo y se hicieron “primero amigas, después hermanas”. Soledad tenía 20 años, todavía no había perdido ningún embarazo y el drama que vino después -cuando tuvieron que extirparle el útero- era entonces inimaginable. Roxana tenía 23 años, era mamá de un varón y todavía no sabía de lo que era capaz de hacer por una amiga.

Las dos ya estaban de novias con quienes hoy son sus parejas y, tres meses después de conocerse, Soledad -que ya entonces tenía un enorme deseo de ser madre- quedó embarazada por primera vez pero perdió el embarazo. Y durante los siguientes 14 años tras muchos intentos y tratamientos no lo logró.

Mientras Soledad estaba en plena lucha, Roxana fue madre por segunda vez. Podría haber habido envidia o necesidad de distancia pero no fue eso lo que pasó. “Yo elegí a Sole de madrina de mi hija y ahí, cuando vi como era con la nena, el vínculo que se había formado entre ellas, me hizo como un click”, cuenta Roxana. “Y un día, porque te juro que fue así, agarré y le dije a mi marido ‘¿qué te parece si yo le presto la panza?‘”. Raúl, su marido, hizo un breve silencio y contestó: “Bueno, averiguá, si es por La Negra, sí‘”. También estaba el hijo de Roxana, que era un niño cuando las amigas se conocieron. “Si es para la tía, sí‘”, coincidió.

Roxana llamó a su amiga y le contó su idea, Pero Soledad se negó: “No era miedo, no tenía miedo de que hubiera confusiones, sé quién es ella. Sólo sentía que le quitaba la posibilidad de tener más hijos propios en caso de que quisiera”. Pero Roxana insistió. “Es que yo estaba segura. Lo hacía por amor a ella, a ellos. Quería que pudieran disfrutar de un hijo como yo lo había hecho”. Insistió varias veces hasta que Soledad aceptó.

Los trámites legales no fueron sencillos por el vacío legal que existe en estos temas. El aval judicial era clave para que Roxana pudiera gestar y parir al bebé de su amiga pero no figurar luego en la partida de nacimiento o en el documento como la madre. La respuesta del juez llegó, el 8 de junio del 2018. “Lo aceptó. Estaba maravillado. No podía creer que pudiera haber tanto amor en una amistad”, cuenta Soledad.

Roxana quiso que fuera un parto natural y así llegó Isabella el 4 de junio del año pasado. “Le dije al médico que yo quería dársela a ellos. No te puedo explicar el amor que sentí cuando se las di, la felicidad absoluta que sentí cuando salí de la sala de parto y los vi con su hija en brazos por primera vez”. Soledad había hecho un tratamiento con pastillas para generar leche así que fue ella quien amamantó a Isabella.

Un mes después, el documento de Isabella decía lo que había autorizado el juez: que era hija de Soledad y de Jorge, no de Roxana. “Mirá, no es fácil, por eso es una decisión que tiene que salir muy de adentro. No es fácil porque al día siguiente del parto no tenía más panza y no había bebé. Es como que a la noche… me faltaba algo. Pero nunca, nunca, nunca lo dudé y nunca me arrepentí de haber hecho lo que hice”.

Roxana no es la mamá pero sí la madrina de Isabella. Ya no es sólo el tatuaje del infinito el que comparten sino varios: los nombres de las nenas en los hombros, la misma vaquita de San Antonio en las muñecas. En la pared del living, mientras conversan, se ve una nota que a Roxana todavía la hace emocionar. Dice: “Te regalo mi pupito, porque nos unió nueve meses y nos unirá toda la vida. Te amo, madrina”.
Fuente: Infobae

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